UNIVERSIDAD TÉCNICA DE MACHALA
Facultad de Ciencias Químicas y de la Salud - Carrera de Medicina
Estudiantes:
- Sugeidy Fernanda Peñaloza Rodas
- Jean Cristopher Quezada Motoche
- Shirley Jasu García Vega
- Génesis Adamary Peña Luna
Docente: Dr. Rodriguez Perdomo Manuel Humberto, Esp.
Semestre: Séptimo “A”
Fecha: Machala, 27 de septiembre de 2025
Período: 2025 – D2
Introducción:
La depresión y la esquizofrenia son trastornos psiquiátricos complejos caracterizados por síntomas afectivos, cognitivos y conductuales que afectan la calidad de vida. La hipótesis de la neuroinflamación ha ganado relevancia como mecanismo fisiopatológico, sustentada en hallazgos de citoquinas proinflamatorias, proteínas periféricas y cambios observables mediante neuroimagen funcional.
Objetivo:
Sintetizar la evidencia reciente (2020–2025) sobre biomarcadores neuroinflamatorios en depresión y esquizofrenia, enfocándose en citoquinas, neuroimagen y proteínas funcionales para evaluar su relevancia clínica y pronóstica en la evolución de los trastornos.
Método:
Se realizó una revisión exploratoria (scoping review) siguiendo la guía PRISMA-ScR. La búsqueda incluyó bases de datos de alto impacto (Scopus, Web of Science, PubMed, Cochrane) para estudios publicados entre 2020 y 2025.
Desarrollo:
Se evidencia un patrón de inflamación de bajo grado en ambos trastornos. En depresión, destacan IL-6, TNF-α e IL-1β, asociados con síntomas afectivos, fatiga y resistencia terapéutica. En esquizofrenia, además de IL-6 y TNF-α, IL-8 se relaciona con deterioro cognitivo y disfunción microglial. La comparación entre ambos trastornos indica que, aunque comparten inflamación sistémica, esquizofrenia presenta mayor impacto sobre cognición y neurodegeneración.
Conclusiones:
Los biomarcadores neuroinflamatorios constituyen herramientas prometedoras para mejorar diagnóstico, pronóstico y tratamiento en depresión y esquizofrenia. La combinación de citoquinas, proteínas y neuroimagen funcional proporciona un enfoque más completo que cualquier marcador aislado.
Palabras clave: Esquizofrenia; Depresión; Neuroinflamación; Citoquinas; Neuroimagen; Proteínas funcionales; Biomarcadores; PRISMA.
Keywords: Schizophrenia; Depression; Neuroinflammation; Cytokines; Proteins; Functional neuroimaging; Biomarkers; PRISMA.
La depresión y la esquizofrenia constituyen dos de los trastornos psiquiátricos más prevalentes, incapacitantes y costosos a nivel global. La depresión mayor afecta a más de 280 millones de personas en el mundo, con un impacto directo en la calidad de vida, la funcionalidad laboral y las relaciones interpersonales [1]. Es la principal causa de discapacidad en adultos jóvenes y se asocia a un incremento sustancial en la mortalidad, principalmente por suicidio y por enfermedades médicas crónicas comórbidas. Por su parte, la esquizofrenia, aunque menos prevalente (alrededor del 1% de la población mundial), se caracteriza por una evolución crónica, deterioro cognitivo progresivo y una elevada carga económica y social [1]. Ambos trastornos representan, por tanto, un desafío urgente en términos de investigación, diagnóstico temprano y desarrollo de nuevas intervenciones terapéuticas.
Durante décadas, las hipótesis clásicas de la neurobiología de la depresión y la esquizofrenia se centraron en la disfunción de neurotransmisores como la serotonina, la dopamina y el glutamato. Sin embargo, la respuesta parcial a los tratamientos disponibles y la persistencia de síntomas residuales en una proporción significativa de pacientes han obligado a ampliar el espectro de investigación hacia mecanismos fisiopatológicos complementarios. En este contexto, la hipótesis de la neuroinflamación ha emergido como un paradigma central que podría explicar la interacción entre predisposición genética, circunstancias ambientales e influencia neurobiológica como factores asociados a tales trastornos [2].
La neuroinflamación se define como la activación crónica y desregulada del sistema inmune en el sistema nervioso central (SNC), en la cual participan tanto células gliales (microglía y astrocitos) como mediadores humorales (citoquinas, quimiocinas, proteínas de fase aguda) [2]. A diferencia de una respuesta inflamatoria aguda y protectora, en estos cuadros se produce un estado de inflamación de bajo grado y persistente, capaz de alterar la plasticidad sináptica, modular la neurotransmisión, afectar la neurogénesis e inducir cambios estructurales y funcionales en regiones cerebrales críticas.
En depresión, muchos estudios han documentado concentraciones elevadas de citocinas proinflamatorias como IL-6, TNF-α y PCR [23]. Estos biomarcadores se correlacionan con la severidad de síntomas, resistencia al tratamiento y mayor riesgo de recurrencia. Además, se ha demostrado que la inducción experimental de inflamación periférica (por ejemplo, mediante la administración de interferón en pacientes con hepatitis C) puede desencadenar síntomas depresivos, lo que refuerza la hipótesis de un vínculo causal [3].
En esquizofrenia, la evidencia apunta también a una activación inmunitaria crónica, con alteraciones en IL-1β, IL-6 y TNF-α, así como en proteínas relacionadas con disfunción glial como la S100B. Estos cambios parecen estar asociados con déficits cognitivos y anormalidades estructurales en la sustancia gris prefrontal y temporal. Se ha planteado incluso que ciertos subtipos de esquizofrenia podrían ser clasificados como “espectros inflamatorios”, lo que tendría importantes implicaciones terapéuticas [3].
El estudio de la proteómica aplicada a la psiquiatría ha permitido identificar proteínas periféricas y centrales que podrían actuar como biomarcadores de neuroinflamación [3]. Entre ellas destacan los factores neurotróficos (particularmente el factor neurotrófico derivado del cerebro, BDNF), proteínas de estrés oxidativo, marcadores de daño a la barrera hematoencefálica y moléculas de adhesión celular. Estas proteínas no solo ayudan a caracterizar el estado inflamatorio, sino que también aportan información sobre los mecanismos de progresión de la enfermedad y la respuesta a tratamientos antidepresivos o antipsicóticos [4].
La neuroimagen funcional, por su parte, se ha consolidado como una herramienta clave en la búsqueda de biomarcadores traslacionales. Técnicas como la resonancia magnética funcional (fMRI) y la tomografía por emisión de positrones (PET) han permitido correlacionar marcadores inflamatorios con patrones específicos de conectividad cerebral. En depresión, se han descrito alteraciones en la red de modo por defecto, el sistema límbico y la corteza prefrontal ventromedial, mientras que en esquizofrenia predominan los déficits en la conectividad prefrontal, el tálamo y las redes sensoriomotoras. Además, el uso de trazadores específicos en PET dirigidos a la microglía activa ha abierto un campo prometedor para la detección in vivo de procesos neuroinflamatorios [4].
En este contexto, la búsqueda de biomarcadores neuroinflamatorios (ya sean moléculas periféricas medibles en sangre o líquido cefalorraquídeo, proteínas específicas del SNC o patrones de neuroimagen) se ha convertido en una prioridad estratégica [4]. Un biomarcador válido debe cumplir con criterios de reproducibilidad, especificidad y relevancia clínica, lo cual implica superar múltiples desafíos metodológicos, desde la heterogeneidad de los pacientes hasta la estandarización de técnicas de laboratorio e imagen.
La presente revisión exploratoria (scoping review) se orienta a mapear y sintetizar la evidencia más reciente (2020–2025) sobre biomarcadores neuroinflamatorios en depresión y esquizofrenia. El enfoque se centra en tres ejes principales: (1) citoquinas, (2) proteínas y (3) hallazgos de neuroimagen funcional. A diferencia de una revisión sistemática tradicional, el scoping review permite abarcar un campo emergente de forma amplia, identificando tendencias, vacíos de conocimiento y perspectivas futuras, sin limitarse necesariamente a un metaanálisis cuantitativo.
En el desarrollo de la revisión se empleó el método PRISMA-ScR (por sus siglas en inglés Preferred Reporting Items for Systematic Reviews and Meta-Analyses extension for Scoping Reviews), el cual establece criterios rigurosos para la identificación, selección y síntesis de la literatura. Esto incluye la definición clara de la pregunta de investigación, la estrategia de búsqueda en bases de datos de alto impacto (Scopus, Web of Science, PubMed, Cochrane), la aplicación de criterios de inclusión y exclusión, y la presentación estructurada de los resultados mediante diagramas de flujo y tablas resumen.
El valor clínico de identificar biomarcadores neuroinflamatorios en depresión y esquizofrenia radica en múltiples dimensiones:
En síntesis, tanto la depresión como la esquizofrenia comparten un trasfondo de disfunción neuroinmune que justifica el estudio de biomarcadores neuroinflamatorios como vía para mejorar la comprensión, el diagnóstico y el tratamiento de estos trastornos. La presente revisión pretende ofrecer un panorama actualizado y riguroso de la literatura reciente, explorando el papel de citoquinas, proteínas y neuroimagen funcional como herramientas clave en la transición hacia una psiquiatría más objetiva, personalizada y basada en evidencia.
El diseño de la revisión bibliográfica bajo la modalidad de scoping review, sigue las recomendaciones establecidas en el método PRISMA-ScR, que permite explorar de manera amplia un campo en expansión, identificar vacíos de conocimiento y mapear la literatura existente sin restringirse necesariamente al análisis cuantitativo de la evidencia.
El objetivo principal fue identificar, clasificar y sintetizar los biomarcadores neuroinflamatorios asociados con depresión y esquizofrenia, con enfoque en tres áreas: citoquinas, proteínas y hallazgos de neuroimagen funcional.
Se definió la siguiente pregunta central:
¿Cuáles son los principales biomarcadores neuroinflamatorios descritos en los últimos cinco años en pacientes con depresión y esquizofrenia, y qué papel cumplen las citoquinas, las proteínas y la neuroimagen funcional en la caracterización de estos trastornos?
Esta pregunta se construyó siguiendo el modelo PCC (Población, Concepto, Contexto), recomendado para scoping reviews:
La búsqueda bibliográfica se desarrolló entre mayo y septiembre de 2025 en las siguientes bases de datos:
Se aplicaron filtros para restringir la literatura a un periodo de cinco años (2020–2025), con el fin de garantizar actualidad y pertinencia. Los términos de búsqueda se diseñaron combinando vocabulario controlado (MeSH, Emtree) y términos libres. Algunos ejemplos de las cadenas utilizadas fueron:
("major depressive disorder" OR depression) AND (schizophrenia) AND ("neuroinflammation" OR "neuroinflammatory biomarkers") AND (cytokines OR proteins OR neuroimaging).("functional MRI" OR "PET imaging") AND (inflammation OR microglia) AND (depression OR schizophrenia).("interleukin-6" OR TNF-alpha OR CRP) AND ("psychiatric disorders") AND ("biomarkers").Se incluyeron solo artículos en inglés o español, publicados en revistas arbitradas.
Criterios de inclusión:
Criterios de exclusión:
La selección siguió el esquema recomendado por PRISMA-ScR:
Este flujo de selección se documentó mediante el diagrama PRISMA-ScR, que se presentará en los anexos del manuscrito.
De cada estudio se extrajeron las siguientes variables:
La síntesis se realizó en forma de mapa narrativo y tabulación comparativa, en el que se destacan tendencias generales y diferencias específicas entre depresión y esquizofrenia.
Si bien los scoping reviews no exigen la misma evaluación de riesgo de sesgo que las revisiones sistemáticas, se aplicaron criterios mínimos de calidad:
El diseño de scoping review se eligió porque el campo de los biomarcadores neuroinflamatorios en psiquiatría es amplio, heterogéneo y aún en expansión, lo que dificulta aplicar un metaanálisis cuantitativo sin excluir información relevante.
Este enfoque exploratorio permite:
El proceso metodológico asegura que los resultados presentados en capítulos posteriores representan una visión actualizada y exhaustiva del tema. La identificación de 135 artículos relevantes constituye una base sólida para mapear el estado actual del conocimiento en relación con citoquinas, proteínas y neuroimagen funcional como marcadores de neuroinflamación en depresión y esquizofrenia.
Las citoquinas son mediadores clave del sistema inmune que participan en la comunicación intercelular y en la regulación de procesos inflamatorios. Su papel en psiquiatría ha sido ampliamente estudiado, ya que se ha observado un patrón de inflamación de bajo grado en pacientes con depresión y esquizofrenia [5].
En depresión mayor se ha documentado un incremento de citoquinas proinflamatorias como interleucina-6 (IL-6), factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α) e interleucina-1β (IL-1β). Estos mediadores se correlacionan con síntomas depresivos específicos, entre ellos anhedonia, fatiga y alteraciones del sueño [5].
Además, se ha observado que la administración de interferón-α en pacientes con hepatitis C induce síntomas depresivos en un porcentaje significativo, lo que demuestra un vínculo causal entre inflamación y depresión [5].
En esquizofrenia, las citoquinas también muestran alteraciones consistentes. Meta-análisis recientes reportan incrementos de IL-6, IL-8 y TNF-α, tanto en pacientes con brotes psicóticos como en fases estables [6].
Un hallazgo relevante es que ciertos perfiles inflamatorios permiten diferenciar subgrupos de pacientes con esquizofrenia, lo que abre la posibilidad de estratificación clínica basada en biomarcadores [6].
Ambos trastornos comparten un patrón inflamatorio de bajo grado, aunque con matices:
En conjunto, las citoquinas constituyen biomarcadores periféricos accesibles con alto potencial clínico, aunque requieren estandarización metodológica [6,7,8].
Además de las citoquinas, diversas proteínas séricas y centrales actúan como indicadores de neuroinflamación y disfunción neuronal.
En depresión mayor destacan varios biomarcadores proteicos:
En esquizofrenia, los biomarcadores proteicos más estudiados incluyen:
En ambos casos, la combinación de proteínas con citoquinas mejora la capacidad predictiva y diagnóstica, reforzando la necesidad de un enfoque multimarcador [7,8,9].
La neuroimagen aporta evidencia directa de cómo la inflamación impacta la estructura y función cerebral [10,11,12,13].
La integración de neuroimagen con biomarcadores periféricos permite [16]:
La evidencia sugiere que ningún biomarcador aislado es suficiente para diagnóstico o pronóstico. Sin embargo, la combinación multimodal (citoquinas + proteínas + neuroimagen) ofrece un panorama más completo [17,18,19].
Ejemplo: un paciente con depresión resistente puede presentar IL-6 elevada, PCR alta, reducción de BDNF y activación microglial en fMRI. Este perfil integrado podría orientar hacia tratamientos inmunomoduladores.
Limitaciones actuales:
La heterogeneidad de los estudios en términos de criterios diagnósticos, técnicas de laboratorio, fases de la enfermedad y variables de confusión externas (obesidad, tabaquismo, comorbilidades médicas) limita la comparabilidad y la generalización de los hallazgos [20,21]. Además, aún no se han definido valores de corte clínicamente útiles para citoquinas, proteínas o activación microglial que permitan su implementación rutinaria en la práctica clínica [21].
En perspectiva, el futuro de la investigación en biomarcadores neuroinflamatorios debe centrarse en:
La evidencia reciente sobre biomarcadores neuroinflamatorios en depresión y esquizofrenia subraya el papel central de la inflamación de bajo grado en la fisiopatología de estos trastornos psiquiátricos. Tanto las citoquinas proinflamatorias, las proteínas periféricas y centrales, incluyendo BDNF y S100B, así como los hallazgos derivados de neuroimagen funcional (fMRI, PET-TSPO, DTI), han demostrado estar estrechamente asociados con la severidad clínica, la disfunción cognitiva y la respuesta terapéutica.
Un hallazgo crucial es que ningún biomarcador aislado ofrece suficiente sensibilidad o especificidad para la estratificación clínica. Por ello, la integración de múltiples dimensiones —biológicas, proteómicas y de neuroimagen— constituye la estrategia más prometedora para avanzar hacia una psiquiatría de precisión, en la que la selección de tratamientos y la predicción del pronóstico no se basen únicamente en síntomas clínicos, sino también en perfiles biológicos objetivos.
La evidencia sugiere que un marco inflamatorio periférico elevado, en conjunto con la disminución de BDNF y alteraciones en redes cerebrales límbicas y prefrontales, identifica a pacientes con depresión asociados a un mayor riesgo de resistencia a las medidas terapéuticas y mayor prevalencia de eventos o episodios depresivos. Por su parte, los marcadores de activación glial, daño por estrés oxidativo y falla sináptica a nivel de la corteza prefrontal y tálamo permiten reconocer subtipos de esquizofrenia relacionados a un estado inflamatorio importante, que determina la posibilidad de intervenciones orientadas.
En conclusión, la adición de biomarcadores neuroinflamatorios en el manejo integral de la depresión y esquizofrenia contribuye a un cambio de paradigma centrado en la evidencia biológica y celular. Si bien no está exenta de limitaciones, los avances en el estudio de las citoquinas proinflamatorias, proteínas y técnicas de neuroimagen ofrecen un marco sólido para futuras investigaciones y aplicaciones dentro del contexto clínico. La adopción de un enfoque multimodal y transdisciplinario permitirá mejorar la comprensión de la fisiopatología de ambos trastornos y optimizar estrategias de diagnóstico temprano, pronóstico y tratamiento, marcando un paso decisivo hacia la medicina biológica en psiquiatría.