Facultad de Ciencias Químicas y de la Salud - Carrera de Medicina
Integrantes:
- Flores Pozo Mayley Carolina
- Jumbo Brito Hugo Andres
- Cacarin Simba Juan Carlos
Docente: Dr. Manuel Rodriguez
Curso: Séptimo Semestre “A”
Proyecto: Metodología de la Investigación Científica
El trastorno histriónico de la personalidad (THP) constituye un cuadro clínico perteneciente al grupo B de los trastornos de la personalidad, caracterizado por un patrón persistente de emotividad excesiva y búsqueda constante de atención. Este trabajo de revisión bibliográfica aborda los aspectos clínicos, diagnósticos y terapéuticos del THP desde los modelos categorial (DSM-5-TR) y dimensional (ICD-11), destacando las diferencias conceptuales, la prevalencia, las comorbilidades más frecuentes y los desafíos que enfrenta la práctica clínica.
Se analizan los fundamentos teóricos que sustentan las principales corrientes explicativas —biológica, psicodinámica y cognitivo-conductual—, así como los enfoques terapéuticos más utilizados. También se abordan los sesgos de género, la influencia cultural en la expresión emocional y la necesidad de protocolos de intervención más sensibles y basados en evidencia científica.
La revisión concluye que el THP requiere una comprensión integral que combine la evaluación clínica dimensional con estrategias terapéuticas personalizadas, buscando reducir la estigmatización y mejorar la calidad de vida del paciente.
Palabras clave: Trastorno histriónico de la personalidad, DSM-5-TR, ICD-11, psicoterapia, diagnóstico, personalidad.
Histrionic Personality Disorder (HPD) is a Cluster B condition characterized by persistent patterns of excessive emotionality and attention-seeking behavior. This literature review analyzes HPD’s clinical, diagnostic, and therapeutic dimensions from both the categorical (DSM-5-TR) and dimensional (ICD-11) frameworks, emphasizing conceptual differences, prevalence, comorbidities, and challenges in clinical practice.
Theoretical foundations underlying biological, psychodynamic, and cognitive-behavioral explanations are reviewed, alongside the most effective therapeutic approaches. Gender bias, cultural influences, and the need for evidence-based, culturally sensitive interventions are discussed.
Findings highlight that HPD requires an integrated approach combining dimensional assessment and individualized psychotherapeutic strategies to improve clinical outcomes and reduce stigma.
Keywords: Histrionic Personality Disorder, DSM-5-TR, ICD-11, psychotherapy, diagnosis, personality.
El trastorno histriónico de la personalidad (THP) constituye una de las condiciones clínicas incluidas dentro del grupo B de los trastornos de la personalidad, caracterizado por una marcada emocionalidad y un patrón persistente de búsqueda de atención. Según el DSM-5-TR, se manifiesta a través de conductas teatrales, necesidad constante de aprobación, seducción inapropiada y dificultad para mantener relaciones interpersonales estables. Este patrón clínico no solo impacta la vida personal del individuo, sino que interfiere con su desempeño académico, laboral y social, generando un considerable sufrimiento subjetivo y una sobrecarga en los sistemas de salud mental (1–3).
La evolución de los modelos clasificatorios ha modificado la manera en que se conceptualizan los trastornos de la personalidad. En la última actualización del ICD-11, la Organización Mundial de la Salud propuso un abordaje dimensional que sustituye categorías rígidas por una evaluación en torno a la gravedad y los rasgos predominantes. Este cambio responde a la evidencia de que los trastornos de personalidad rara vez se presentan de manera pura, sino que comparten características clínicas que se superponen. En este sentido, el THP adquiere relevancia como entidad que, más allá de su etiqueta diagnóstica, obliga a una comprensión integral de la complejidad de la personalidad y de la interacción entre predisposiciones individuales y contextos sociales (4,5).
Desde un punto de vista clínico, los pacientes con THP suelen acudir a consulta por malestar interpersonal, sentimientos de vacío o síntomas ansiosos y depresivos, más que por el reconocimiento de un patrón de personalidad disfuncional. Esto dificulta su identificación temprana y hace que el diagnóstico se realice muchas veces de manera indirecta, durante la evaluación de otros problemas psiquiátricos. La tendencia a dramatizar las experiencias, la baja tolerancia a la frustración y la dependencia de la aprobación externa contribuyen a que el proceso terapéutico se torne complejo y, en ocasiones, prolongado. Además, los síntomas se confunden con rasgos de otras condiciones como el trastorno límite de la personalidad, lo que subraya la importancia de una evaluación clínica detallada (6,7).
El estudio del THP también ha generado debate en torno a las diferencias de género. Tradicionalmente, las tasas más altas en mujeres han sido interpretadas de manera crítica, sugiriendo que los criterios diagnósticos podrían estar influenciados por estereotipos culturales y de género. Esto plantea la necesidad de un análisis culturalmente sensible, capaz de distinguir entre expresiones normales de emotividad y patrones disfuncionales que generan malestar clínicamente significativo. Tales cuestionamientos ponen de relieve la importancia de revisar continuamente los instrumentos diagnósticos y de garantizar que las categorías psiquiátricas reflejen fenómenos universales y no construcciones sociales sesgadas (8,9).
En términos terapéuticos, la psicoterapia constituye la intervención más utilizada, siendo los enfoques psicodinámicos y cognitivo-conductuales los que han mostrado mayor utilidad. Sin embargo, a diferencia de otros trastornos psiquiátricos, la evidencia empírica sobre la eficacia de intervenciones específicas para el THP sigue siendo escasa y fragmentada. El tratamiento farmacológico, por su parte, se reserva para síntomas comórbidos como la depresión o la ansiedad, más que para los rasgos histriónicos en sí mismos. Esta falta de protocolos estandarizados representa un desafío para clínicos e investigadores, y refuerza la necesidad de impulsar estudios controlados que permitan establecer guías de práctica basadas en evidencia (10,11).
La carga que este trastorno supone para la vida del paciente y su entorno es considerable. Se ha descrito que las dificultades relacionales y la necesidad constante de atención generan conflictos recurrentes en las dinámicas familiares, en los vínculos de pareja y en la interacción laboral. El costo emocional para el individuo se traduce en sentimientos de insatisfacción crónica, pérdida de oportunidades y, en algunos casos, riesgo de conductas autodestructivas. Por lo tanto, el THP no debe ser entendido como una peculiaridad de la personalidad, sino como un problema clínico que demanda atención especializada y un abordaje interdisciplinario (12,13).
El estudio del trastorno histriónico de la personalidad (THP) se justifica profundamente por su impacto clínico, social y epistemológico, así como por las discrepancias conceptuales y metodológicas que atraviesan la literatura psiquiátrica contemporánea; desde la perspectiva del DSM-5-TR, el THP mantiene su estatus como un trastorno de personalidad categórico del grupo B caracterizado por emotividad excesiva, búsqueda persistente de atención y conductas seductoras o teatralidad lo que facilita su identificación clínica dentro de un marco diagnóstico familiar para clínicos formados en el modelo estadounidense y permite la uniformidad en criterios diagnósticos y en comunicación clínica (1).
No obstante, autores y grupos de trabajo en psicopatología vienen señalando los límites de un enfoque categorial: la revisión y síntesis de la evidencia indicadora de solapamientos entre los distintos trastornos de personalidad y la heterogeneidad intra-diagnóstica sustentan la propuesta de la ICD-11, que replantea el problema desde un modelo dimensional centrado en la gravedad y en dominios o rasgos de personalidad marcando una transición paradigmática que privilegia la evaluación funcional y dimensional sobre la mera etiqueta diagnóstica (4,5,14).
En el terreno de la investigación sobre curso y pronóstico, Joel Paris y colaboradores han mostrado que los trastornos de personalidad presentan trayectorias diversas: mientras algunas entidades tienden a remitir parcialmente con la edad, otras mantendrían una cronicidad más estable. Aplicado al THP, esto demanda estudios longitudinales que clarifiquen su curso natural y factores predictivos de cronicidad (15).
En cuanto a la etiopatogenia, la literatura converge en un modelo multifactorial: predisposiciones temperamentales, aprendizaje temprano en estilos parentales inestables o excesivamente permisivos, y factores socioculturales que moldean la expresión emocional. Livesley y Larstone advierten sobre la complejidad de separar rasgos temperamentales adaptativos de rasgos de personalidad patológicos, lo que implica refinar instrumentos de evaluación y criterios diagnósticos para evitar medicalizar comportamientos culturalmente valorados (7).
Paralelamente, la evidencia sobre eficacia terapéutica muestra matices: si bien la psicoterapia tanto enfoques psicodinámicos como intervenciones basadas en terapia cognitivo-conductual aparece como la intervención de elección, la bibliografía crítica destaca la escasez de ensayos clínicos controlados específicos para THP (10,11).
Un debate persistente corresponde al sesgo de género: estudios epidemiológicos tradicionales reportan prevalencias mayores de THP en mujeres, pero investigaciones más controladas ponen en evidencia que la diferencia podría originarse en sesgos de diagnóstico que interpretan conductas expresivas femeninas según estereotipos (8,9,16).
Analizar el trastorno histriónico de la personalidad desde una perspectiva clínica, diagnóstica y terapéutica, considerando los avances en los modelos clasificatorios y la evidencia científica actual, con el fin de aportar a una comprensión integral y a la mejora de las estrategias de intervención.
La presente investigación corresponde a una revisión bibliográfica narrativa con enfoque descriptivo y analítico, basada en la búsqueda, selección y síntesis crítica de la literatura científica sobre el trastorno histriónico de la personalidad (THP).
Se seleccionaron 38 referencias relevantes que cumplieron con los criterios establecidos.
El trastorno histriónico de la personalidad (THP) ha transitado desde antiguas nociones vinculadas a la “histeria” hacia un reconocimiento clínico basado en patrones emocionales y conductuales. El DSM-5-TR lo describe como un patrón persistente de emotividad excesiva y búsqueda de atención, mientras que el ICD-11 propone un modelo dimensional que evalúa rasgos y gravedad en lugar de categorías rígidas (1,4,17).
La prevalencia del THP en la población general se estima entre 1,5% y 3%, con mayor frecuencia en mujeres, aunque se sospecha la influencia de sesgos culturales en este hallazgo. Los pacientes suelen mostrar teatralidad, búsqueda constante de aprobación y conductas seductoras inapropiadas (17,18).
El origen del THP es multifactorial, con influencias genéticas, ambientales y culturales. Se han descrito estilos de crianza inestables o permisivos como factores de riesgo, además de predisposiciones temperamentales. La comorbilidad es frecuente, especialmente con depresión, ansiedad y abuso de sustancias (18).
La psicoterapia es la estrategia principal en el manejo del THP, con evidencia de utilidad en enfoques cognitivo-conductuales y psicodinámicos. El objetivo es mejorar la regulación emocional y disminuir conductas disfuncionales más que cambiar por completo la personalidad. La farmacoterapia no es específica para este trastorno, aunque puede utilizarse en el manejo de síntomas asociados (10,11,19).
El THP tiene repercusiones más allá de lo clínico, ya que los pacientes enfrentan estigma y prejuicios que dificultan su integración social y laboral (20,21).
Los estudios neurobiológicos sobre el THP son limitados, pero algunas investigaciones han encontrado una relación entre este trastorno y alteraciones en los sistemas dopaminérgico y serotoninérgico, responsables de la regulación del afecto y la búsqueda de recompensas.
Imágenes por resonancia magnética funcional han mostrado hiperreactividad en estructuras como la amígdala y el córtex orbitofrontal, regiones asociadas con la regulación emocional y la toma de decisiones impulsivas (18,19). Estas disfunciones pueden explicar la tendencia del paciente histriónico a responder emocionalmente de forma intensa pero superficial, con dificultades para sostener emociones congruentes o estables.
Por otro lado, algunos estudios neuropsicológicos han descrito un perfil cognitivo caracterizado por impulsividad, distractibilidad y pensamiento egocéntrico, lo que afecta la capacidad para planificar y autorregular las emociones (20).
Modelo psicodinámico
Desde el enfoque freudiano, el THP surge como una forma de defensa ante carencias afectivas tempranas. La persona aprende a obtener atención a través de la dramatización y la seducción, desarrollando una “falsa identidad” basada en la aprobación externa. El deseo inconsciente de ser admirado o deseado actúa como sustituto de la aceptación emocional genuina (21).
Modelo cognitivo-conductual
El enfoque cognitivo plantea que los individuos con THP presentan esquemas disfuncionales relacionados con la necesidad de aprobación y la autopercepción de inadecuación. Según Beck y Freeman (22), estas personas mantienen pensamientos automáticos como “debo agradar para que me quieran” o “si no soy atractivo, no valgo”. Estos esquemas se refuerzan mediante la conducta histriónica, generando un ciclo perpetuo de búsqueda de atención y frustración emocional.
Modelo interpersonal y biosocial
El modelo biosocial de Linehan propone que el THP se desarrolla a partir de una interacción entre vulnerabilidad emocional biológica y un entorno invalidante. Las experiencias tempranas de rechazo o desatención emocional llevan a la búsqueda constante de aprobación como medio de validación (23).
El diagnóstico del THP ha sido criticado por su sesgo de género. Investigaciones han evidenciado que las mujeres son diagnosticadas hasta cuatro veces más que los hombres, aunque la expresión de los rasgos histriónicos puede diferir según la cultura. Mientras en sociedades occidentales la expresividad emocional se asocia con rasgos femeninos, en otras culturas se percibe como normal o incluso deseable (24,25).
Esto plantea la necesidad de realizar una evaluación diagnóstica sensible al contexto sociocultural, evitando la patologización de comportamientos basados en estereotipos.
El THP comparte características con otros trastornos del grupo B, especialmente el trastorno límite y el narcisista.
Las comorbilidades más frecuentes incluyen ansiedad, depresión, abuso de sustancias y somatización, lo que puede complicar el diagnóstico y tratamiento (27).
La revisión evidenció varios hallazgos importantes:
El THP continúa siendo un desafío clínico debido a la falta de consenso sobre sus límites diagnósticos y la escasa evidencia sobre intervenciones específicas. La introducción del modelo dimensional representa un avance importante, ya que permite una evaluación más precisa y personalizada.
El abordaje terapéutico debe centrarse en mejorar la regulación emocional y la autoestima del paciente, ayudándolo a construir relaciones más estables y realistas. Las terapias centradas en esquemas y mentalización han mostrado eficacia al abordar patrones relacionales disfuncionales (32,33).
Sin embargo, se necesitan más estudios longitudinales que analicen el curso del THP y los factores predictivos de mejoría o cronicidad. Además, es urgente fomentar la formación en salud mental en Ecuador, donde los trastornos de personalidad suelen estar subdiagnosticados o tratados de manera inadecuada (34).
El estudio del trastorno histriónico de la personalidad (THP) continúa representando un reto clínico, diagnóstico y terapéutico de gran relevancia en la psiquiatría contemporánea. La revisión de la literatura muestra que, aunque el DSM-5-TR lo mantiene como un trastorno categorial del grupo B caracterizado por búsqueda excesiva de atención, emotividad intensa y teatralidad, el ICD-11 propone un modelo dimensional centrado en la gravedad y en rasgos de personalidad, lo que refleja un cambio paradigmático hacia una evaluación más funcional e individualizada.
En cuanto al curso y pronóstico, la evidencia disponible señala que, a diferencia de otros trastornos de personalidad con cierta tendencia a la remisión, el THP presenta una trayectoria más estable, lo que demanda investigaciones longitudinales de calidad que identifiquen factores protectores y de riesgo, así como ventanas críticas de intervención precoz.
Desde la perspectiva terapéutica, la psicoterapia —en sus modalidades cognitivo-conductual y psicodinámica— se mantiene como la intervención de elección. Sin embargo, la literatura coincide en subrayar la escasez de ensayos clínicos controlados específicos para THP y la frecuente comorbilidad con depresión, ansiedad y abuso de sustancias, lo que limita la atribución de resultados exclusivamente a los abordajes para este trastorno.
Un punto crítico es el sesgo de género en la conceptualización del THP. Si bien los estudios epidemiológicos reportan una mayor prevalencia en mujeres, análisis recientes sostienen que esta diferencia puede estar influida por estereotipos culturales y criterios diagnósticos sesgados.
Finalmente, el impacto del THP va más allá del ámbito clínico: afecta las relaciones interpersonales, la estabilidad laboral y la calidad de vida, incrementando el riesgo de sufrimiento subjetivo, estigmatización y aislamiento social.