UNIVERSIDAD TÉCNICA DE MACHALA
Facultad de Ciencias Químicas y de la Salud - Carrera de Medicina
Integrantes:
- Alejandro Valdiviezo Kristel Noelia
- Delgado Narváez Yelena Madeley
- Enriquez Beltrán Marilyn Stephanie
- Herrera Bermeo Jhoissy Lisvet
Docente: Dr. Manuel Humberto Rodriguez Perdomo
Asignatura: Psiquiatría y Salud Mental
Curso: Séptimo “A”
Los trastornos afectivos, como depresión, trastorno bipolar, distimia y ciclotimia, constituyen un problema frecuente en jóvenes universitarios, especialmente en estudiantes de medicina. Estos se caracterizan por alteraciones persistentes del estado de ánimo, los cuales afectan el rendimiento académico, la cognición y el bienestar social, aumentando el riesgo de abandono y suicidio en esta comunidad. La revisión bibliográfica (2020–2025) muestra prevalencias superiores al 30% en síntomas depresivos y ansiosos, cuyos factores de riesgo son sobrecarga académica, privación del sueño, estrés y escaso apoyo institucional. Los desafíos presentes, destacan la necesidad de aplicar estrategias de prevención, detección temprana e intervenciones psicoeducativas. La integración de la salud mental es fundamental en la formación médica, porque permitirá instruir individuos competentes y empáticos.
Palabras clave: Trastornos afectivos; Depresión; Ansiedad; Estudiantes universitarios; Medicina; Salud mental.
Affective disorders, such as depression, bipolar disorder, dysthymia, and cyclothymia, are a common problem among young university students, especially medical students. These disorders are characterized by persistent mood swings, which affect academic performance, cognition, and social well-being, increasing the risk of dropout and suicide in this community. The literature review (2020–2025) shows prevalences of over 30% for depressive and anxiety symptoms, whose risk factors include academic overload, sleep deprivation, stress, and poor institutional support. The challenges at hand highlight the need to implement prevention strategies, early detection, and psychoeducational interventions. The integration of mental health is fundamental in medical training, as it will enable the education of competent and empathetic individuals.
Keywords: Affective disorders; Depression; Anxiety; College students; Medicine; Mental health.
Los trastornos afectivos (o trastornos del estado de ánimo) constituyen un grupo de enfermedades psiquiátricas caracterizadas por alteraciones persistentes en el humor, que afectan el tono afectivo (ya sea deprimido, elevado o inestable) y se acompañan de cambios en la cognición, la motivación, las funciones corporales (sueño, apetito, energía) y el funcionamiento social o académico. Estos trastornos no deben confundirse con las variaciones emocionales normativas: su intensidad, duración o cronicidad superan umbrales clínicos y suelen requerir intervención profesional (1).
En las últimas décadas, se ha observado un aumento preocupante en la prevalencia de trastornos del ánimo en poblaciones jóvenes, especialmente entre universitarios. Este fenómeno parece acentuarse en estudiantes de carreras de salud, y particularmente en los de medicina, quienes enfrentan una carga académica elevada, competencias clínicas, estrés de evaluación y exposición a situaciones de enfermedad y muerte. Según una revisión sistemática, la prevalencia combinada de síntomas depresivos entre estudiantes de medicina durante la pandemia fue de aproximadamente 48 % (IC 95 %: 43-52) y de ansiedad de 45 % (IC 95 %: 40-49) (2). Otra investigación transversal halló que, entre estudiantes universitarios en general, casi la mitad (48,9 %) manifestaban “tendencias depresivas” en el contexto post pandémico (3). En el ámbito global, el estudio WMH-ICS con más de 72 000 estudiantes de primer año reportó que las enfermedades mentales comunes tienen una prevalencia considerable en esa población emergente (4).
El conocimiento de los trastornos afectivos es fundamental, ya que que tienen un gran impacto en la parte clínica y social. Estas afecciones en la salud mental incrementan el riesgo de suicidio, deterioro funcional, comorbilidad psiquiátrica, generando así, costos elevados en salud pública y pérdida de productividad. Por ejemplo, a escala mundial, los trastornos depresivos y de ansiedad figuran entre las principales causas de años vividos con discapacidad (5,6). A nivel educativo, los adolescentes y jóvenes diagnosticados con algún trastorno afectivo, presentan mayor riesgo de deserción, disminución del rendimiento académico y otras dificultades en la institución (7). Para los estudiantes de medicina, estos trastornos además de comprometer su bienestar personal, afectan la calidad del aprendizaje, la empatía clínica futura y la seguridad del paciente.
Los principales tipos de trastornos afectivos son:
La elección de este tema es justificado por el impacto que genera en la educación médica y la salud mental estudiantil. En el caso de la formación médica, los estudiantes atraviesan una fase de vulnerabilidad psicológica que puede ser: horas intensas de estudio, exposición a la enfermedad y muerte, evaluaciones continuas y expectativas altas en su desempeño. La presencia de trastornos afectivos en este grupo puede obstaculizar su aprendizaje, aumentar el ausentismo, afectar la retención institucional o inducir al abandono de la carrera. Además, promover el reconocimiento temprano y la intervención en estas etapas permite sensibilizar a los futuros médicos acerca de su propia salud mental y los prepara para abordar estas condiciones en sus futuros pacientes con total empatía.
Aplicando una revisión bibliográfica actualizada en PubMed, Scopus, Google Scholar y SciELO (2020-2025), en el presente artículo se propone: describir la prevalencia, manifestaciones clínicas, factores de riesgo y desafíos educativos de los trastornos afectivos en jóvenes universitarios, haciendo énfasis en estudiantes de medicina, con el fin de orientar estrategias de prevención, detección y apoyo en el ámbito de la formación médica.
Se realizó una revisión bibliográfica para sintetizar evidencia científica sobre la prevalencia, manifestaciones clínicas, factores de riesgo y estrategias de abordaje de los trastornos afectivos en jóvenes universitarios, con énfasis en estudiantes de medicina. El diseño metodológico corresponde a la necesidad de integrar estudios observacionales, revisiones y guías con el fin de ofrecer un marco comprensivo que oriente a prácticas educativas y clínicas.
Las bases de datos utilizadas fueron PubMed, Scopus, Google Scholar y Scielo, comprendiendo el periodo 2020-2025. Se priorizaron artículos publicados en revistas indexadas y documentos de instituciones reconocidas (como OMS y OPS). Además, se aplicaron estrategias combinadas de términos en español e inglés con operadores booleanos (“AND”, “OR”).
Dentro de los criterios de inclusión y exclusión tenemos:
| Criterios de Inclusión | Criterios de exclusión |
|---|---|
| Artículos originales, revisiones, meta-análisis y guías clínicas publicadas entre 2020 y 2025 (se hace excepciones por artículos pasados que aportan información histórica) | Publicaciones duplicadas entre fuentes. |
| Publicaciones en inglés o español. | Documentos sin acceso al texto completo tras intentos razonables de obtención. |
| Estudios con población universitaria o subgrupo de estudiantes de medicina y que reportan datos clínicos, epidemiológicos, o intervenciones relevantes. | Artículos que presenten evidente falta de rigor científico. |
Posterior a la definición clara de las bases de datos, periodo de búsqueda, palabras clave y los criterios de inclusión y exclusión, se garantiza que la información recopilada sea de relevancia, actual y con validez.
Las afecciones del estado de ánimo (tales como "trastornos afectivos") constituyen una condición psiquiátrica definida por alteraciones del estado de ánimo que se perciben como duraderas (por ejemplo, episodios de elevado estado de ánimo persistente) que repercuten en el pensamiento, la conducta, las funciones neurovegetativas (sueño, apetito, energía), la cognición, así como las relaciones interpersonales (1).
Desde el punto de vista neurobiológico, distintos mecanismos que subyacen a la depresión han sido propuestos:
Las vías expuestas interaccionan con factores de tipo genético y ambiental, para predisponer a la aparición, evolución y recurrencia de los episodios afectivos.
Las principales clasificaciones vigentes son las del DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, 5.ª edición) y la CIE-10 (Clasificación Internacional de Enfermedades, 10.ª revisión). A continuación un esquema comparativo:
| Trastorno/ Categoría | DSM-5 | CIE-10 |
|---|---|---|
| Depresión mayor recurrente | Episodios mayores depresivos recurrentes sin historia de episodio maníaco/hipomaníaco | Trastorno depresivo recurrente |
| Trastorno bipolar I | Al menos un episodio maníaco (puede haber episodios depresivos) | Episodios maníacos recurrentes o mixtos dentro de la categoría de trastorno bipolar |
| Trastorno bipolar II | Episodios depresivos mayores y al menos un episodio hipomaníaco | Incluido también en la clasificación bipolar, con manifestaciones específicas |
| Ciclotimia | Fluctuaciones del estado de ánimo con síntomas hipomaníacos leves y síntomas depresivos leves, sin alcanzar criterios de episodio mayor | Trastorno ciclotímico o trastorno del estado de ánimo ciclotímico persistente |
| Distimia / Trastorno depresivo persistente | Estado depresivo crónico moderado por al menos dos años (un año en adolescentes), con síntomas más leves que depresión mayor | Trastorno depresivo persistente |
El CIE-10 intenta dar más flexibilidad agrupando episodios mixtos y transiciones, en contraposición al DSM-5 que es más estricto en la delimitación de episodios y duración (10,11). En los dos sistemas concretos - CIE-10 y DSM-5-, la severidad, los episodios, la recurrencia y la comorbilidad (ansiedad, trastornos del uso de sustancias, trastornos médicos) son fundamentales para la estratificación clínica y terapéutica.
Los trastornos afectivos tienen una etiología multifactorial donde confluyen influencias genéticas, biológicas y del medio:
Estas vías convergen para dar soporte tanto al episodio índice como a las recaídas, explican por qué los jóvenes en pleno proceso de transición académica pueden encontrarse en una ventana de vulnerabilidad.
La prevalencia existente, a nivel mundial, de los trastornos afectivos ha mostrado una tendencia de aumento en la población joven y la OMS (2023) estima que la depresión afecta a más de 280 millones de personas en el mundo y que los jóvenes de 18 a 25 años son uno de los grupos más vulnerables (13). Los estudios de OPS (2022) estiman que, en América Latina, el 20–25 % de los universitarios presentan síntomas clínicamente significativos de depresión o ansiedad (14).
Entre los estudiantes de medicina, las cifras son muy elevadas: una revisión sistemática publicada en JAMA descubrió tasas de depresión de hasta un 27,2 % e ideación suicida del 11,1 % (15). En América Latina, en trabajos de investigación recientes se han encontrado tasas de depresión situadas entre el 30 y 40 % en estudiantes de medicina; lógicamente, la causa se puede atribuir a factores vinculados a estrés académico, carga emocional y falta de apoyo psicológico institucional, entre otros (16,17). Como factores de riesgo habituales se encuentran el burnout académico, la privación del sueño, la presión competitiva y la autoexigencia profesional (18).
Los estudiantes universitarios, y específicamente los estudiantes de medicina, están sometidos a una gran cantidad de factores de riesgo para el desarrollo de trastornos afectivos o para la sobreexplotación de los mismos:
En conjunto, esto forma una relación dinámica que facilita la presentación precoz o la cronicidad del trastorno afectivo en los estudiantes jóvenes.
Los trastornos de la afectividad influyen notablemente al rendimiento académico, la motivación profesional y la competencia en el aprendizaje empático como estudiante de medicina (14). Diversos trabajos científicos indican que la depresión y la ansiedad también disminuyen la concentración, la memoria de trabajo y la capacidad para tomar decisiones clínicas, lo que puede condicionar, por ejemplo, la seguridad del paciente en el contexto de prácticas hospitalarias (19).
En el nivel emocional, los trastornos pueden dar lugar a una forma de aislamiento social, a un aumento de la fatiga emocional y a la dificultad para encontrarse con la vocación, aumentando así el riesgo de un abandono de la carrera o de una posible deserción temporal (20). El componente social se puede observar en la menor participación en actividades colaborativas y la disminución de la salud psicológica o el bienestar psicosocial (21).
También desde el enfoque clínico, el estudiante de medicina con un estado de depresión o de bipolaridad no diagnosticada puede estar a mayor riesgo de experimentar una ideación suicida o un periodo de consumo de sustancias.
Diferentes facultades han institucionalizado programas de bienestar para estudiantes, servicio gratuito de orientación psicológica, espacios de escucha activa, talleres de manejo de estrés, mindfulness y acompañamiento psicológico. En la revisión de los modelos de intervención en la población universitaria se evidenció que se plantean diversidad de estrategias estructurales (por ejemplo, programas de promoción del bienestar) transferibles a facultades de medicina (22,23).
Las intervenciones digitales también han adquirido más protagonismo: se han desarrollado aplicaciones y plataformas de e-health dirigidas a estudiantes universitarios para el manejo de niveles de ansiedad y depresión. Un metaanálisis reciente señala que las intervenciones digitales tienen efectos beneficiosos en síntomas de carácter emocional (24).
Un artículo basado en el modelo RE-AIM ha evaluado el alcance, efectividad, adopción, implementación y mantenimiento en intervenciones digitales de salud mental para la población universitaria, donde el estudio halló que la escalabilidad y la adopción institucional son barreras (25).
Una revisión reciente de revisiones sobre una serie de intervenciones de bienestar para estudiantes de medicina concluyen en que las iniciativas de mindfulness, entrenamiento de resiliencia, programas de mentoría y tutoría emocional tienen efectos de moderados a positivos en cuanto a los resultados de agotamiento y bienestar psicológico (26).
Las intervenciones de carácter cognitivo-conductual (terapia cognitiva, técnicas de reestructuración cognitiva, entrenamiento en resolución de problemas) se han adaptado como talleres breves formativos en ambientes universitarios. Los programas de formación en resiliencia y en manejo del estrés o stress management han mostrado efecto en disminuir los síntomas depresivos y ansiosos en estudiantes.
Los profesores y tutores docentes tienen un papel fundamental en la detección de síntomas afectivos en los estudiantes a tiempo, pueden:
Esta línea de "docencia con mirada humana" puede servir para la detección precoz, para la contención afectiva y para la prevención del empeoramiento.
La educación médica debería añadir a la salud mental como un elemento del proceso de la formación profesional, y que también el bienestar emocional de quien aprende influirá en la calidad del futuro ejercicio clínico (27). La promoción del autocuidado emocional, de la empatía profesional y de la reflexión ética contribuyen a formar médicos más humanos, resilientes y comprometidos (28). En esta dirección, la educación médica humanista se convierte en una de las herramientas más eficaces para prevenir el deterioro psicológico y reforzar la vocación (29).
La revisión de la literatura más actual pone al descubierto que los trastornos de tipo afectivo constituyen una situación cada vez más problemática para la población universitaria, en especial, para la población universitaria de Medicina, que presenta tasas de depresión y ansiedad más altas con respecto a las tasas de la población general (13). Aunque este fenómeno se observa a nivel global, la magnitud y las causas varían según el contexto sociocultural, los recursos institucionales y las condiciones del sistema educativo.
En los diferentes países de América Latina, las estimaciones presentan prevalencias de síntomas depresivos en el rango comprendido entre el 30 % y el 40 % en los estudiantes de medicina (30,31), elevadas en comparación con las cifras reportadas en países europeos o norteamericanos que oscilan entre el 20 % y 25 %. Estas diferencias pueden estar asociadas a la menor disponibilidad de servicios de apoyo psicológico universitario, la carga académica no regulada en exceso y a las condiciones socioeconómicas adversas que caracterizan a los contextos de vulnerabilidad educativa (14). Por otra parte, también se ha descrito en Latinoamérica una normalización del estado de agotamiento emocional y del estrés académico, hecho que conlleva una resistencia mayor a buscar ayuda profesional (32).
El consenso en la literatura indica que los principales factores de riesgo son la carga académica, la privación del sueño, la exposición prolongada al sufrimiento humano en las prácticas clínicas y el perfeccionismo profesional; en este sentido, los trastornos afectivos no solo afectan al bienestar personal del estudiante, sino que afectan el rendimiento escolar y la calidad de la enseñanza clínica. Los estudios de Acad Med y Lancet Psychiatry han demostrado que los estudiantes con síntomas de depresión son menos empáticos con los pacientes, más propensos a cometer errores clínicos y tienen un juicio profesional deteriorado (33,34).
Desde el enfoque educativo, este hecho boicotea la estructuración de las facultades de medicina. La formación universitaria se ha mostrado escasa a las nuevas demandas de la salud mental universitaria. Las facultades deben plantear marchar hacia un modelo de educación médica integral que conjugue el apego a la excelencia académica y la promoción del bienestar psicológico, la resiliencia y el autocuidado emocional. Las estrategias de acompañamiento psicoeducativo, las tutorías afectivas, los programas de mindfulness o las estrategias de apoyo entre pares han demostrado una eficacia significativa en cuanto a la reducción de síntomas depresivos y ansiosos (24).
Desde el punto de vista clínico, los resultados de esta revisión resaltan la importancia de detectar precozmente los trastornos afectivos y la formación de los académicos en la solución de habilidades de observación emocional y de la comunicación empática. A su vez, también se constata una carencia de investigación acerca de la efectividad y de los efectos a largo plazo de las intervenciones psicoeducativas, lo que constituye una línea de investigación prioritaria para futuros estudios (35).
En conclusión, los trastornos afectivos en jóvenes universitarios, y en especial, en los estudiantes de medicina, deben ser abordados desde una perspectiva psicosocial, educativa y preventiva, lo que implica reconocer la salud mental como un elemento central del aprendizaje médico. La meta de este presente no reside simplemente en disminuir la prevalencia de trastornos afectivos, sino en reorientar el aprendizaje médico hacia una cultura institucional o académica que enfatice el bienestar, la empatía, la salud afectiva del futuro profesional.
Los trastornos afectivos en la juventud universitaria, particularmente en el colectivo estudiantil de Medicina, son un inconveniente que se ha convertido en un problema de salud pública de gran relevancia. Este problema ético y de salud pública puede tener unas repercusiones clínicas, académicas y sociales de gran precisión, que repercutan incluso por encima del umbral establecido de salud pública. Hecho que se puede observar en la literatura, ya que se reportan prevalencias de síntomas de depresión o de ansiedad superiores a 30 % en población universitaria, e incluso superiores en estudiantes de Ciencias de la Salud (13,14).
La alta incidencia de sufrimientos emocionales en los estudiantes universitarios no puede dejar de mostrar una realidad perfectamente comprensible en la etapa formativa, pero que a modo de reflexión, podemos vincular también a la lectura que la evidencia científica aporta al problema, a las condiciones estructurales a las que están sujetos por encima del fenotipo de su edad, como son la carga asistencial, la presión por el rendimiento o la escasa o nula ayuda institucional.
Los hallazgos revisados hacen énfasis en la urgencia de mejorar la detección temprana de los trastornos afectivos promoviendo, por medio del uso de estrategias sistemáticas de evaluación psicológica, la formación de los docentes en relación a la salud mental y la puesta en marcha de programas de acompañamiento psicoeducativo (36). Se evidencian, además, los efectos de las intervenciones para la detección de los trastornos afectivos basadas en el mindfulness, las tutorías académicas, y los programas de resiliencia emocional, en bien del bienestar y en la reducción del riesgo de depresión clínica (24).
Por lo tanto, se entiende que la intervención con los trastornos afectivos en el marco del ámbito universitario es total, preventiva y continuada, solo haciendo partícipe a toda la comunidad educativa. En particular, las facultades de medicina deben tener como compromiso ético de la carga docente equiparar la calidad de vida emocional sana con un contenido transversal del currículo, reputando la salud mental como parte constitutiva de la formación médica y del ejercicio profesional responsable. Además, atender la salud mental del futuro médico no solo permite optimizar el rendimiento universitario, sino que junto a esto permite formar a profesionales que sean empáticos, equilibrados y humanistas para cuidar de los otros desde su propio bienestar.